LOS SATÉLITES GALILEANOS. TERCERA PARTE.

LOS SATÉLITES GALILEANOS. TERCERA PARTE: GANÍMEDES Y CALIXTO.


Escrito por Miguel Milla Valdivia. 


Con este artículo concluimos la trilogía de los satélites galileanos donde hemos visto lo que es la fuerza de marea y la resonancia entre cuerpos celestes, hemos conocido el mundo más volcánico del Sistema Solar, Ío, la luna donde lo extraño es que no hubiere vida, Europa... y ahora concluiremos con los dos últimos satélites: Ganímedes y Calixto.




Ganímedes, Júpiter III para Galileo Galilei, su descubridor en 1610, y propuesto su nombre actual (como el de los otros tres) por Simon Marius poco después de su descubrimiento. Su perihelio es de 1.069.200 km y su afelio de 1.071.600 km; con un diámetro de 5.262 km es el mayor satélite de Júpiter y de todo el Sistema Solar... de hecho es mayor que el planeta Mercurio aunque tan sólo tiene la mitad de su masa.




Compuesto fundamentalmente de silicatos y hielo, con una corteza de hielo que flota encima de un manto fangoso que contiene un océano de agua salada líquida. Se cree que posee un pequeño núcleo interno de hierro o, más probablemente de hierro y azufre, lo que denotaría un grado de calentamiento mayor de lo previsto. El núcleo externo estaría compuesto de silicatos y el manto de agua y hielo.


Su superficie se puede dividir en dos tipos... una muy antigua y otra algo más joven (aunque no mucho) y con relieve que denota características propias de la tectónica de placas; hay cordilleras a lo largo de la zona de fractura y antiguas corrientes de lava lo que lo convierte en un mundo muy similar a la Tierra geológicamente hablando. Dejar constancia de que posee una débil atmósfera de oxígeno (muy similar a la de Europa).




Un hecho destacable es que posee su propia magnetosfera producida por la convección de su interior (otra característica que lo hace similar a la Tierra). Sin embargo posee una segunda magnetosfera provocada por las fuerzas de marea de Júpiter y la diferencia e influencia en las auroras boreales de las dos magnetosferas observadas a través del telescopio espacial Hubble a permitido deducir la existencia de un océano de agua salada a una profundidad de unos 150 km de la superficie y de un espesor de 100 km.




Calixto, el denominado Júpiter IV por Galileo Galilei, posee un perihelio de 1.869.000 km y un afelio de 1.897.000 km. Con un diámetro de 4.820.6 ± 1.5 km es un 99 % del tamaño de Mercurio y sin embargo tiene un cuarto de su masa. Es el segundo satélite en tamaño de Júpiter y el tercero del Sistema Solar.


Este cuerpo se debería ajustar exactamente a lo que debería ser en función de su distancia al Sol ya que no está (ni estuvo) sujeto a las fuerzas de marea ni a la resonancia, sin embargo, como veremos, nos tenía una sorpresa reservada.




Tal y como se esperaba cuando se formó se hizo mediante una acreción lenta y, debido a su relativamente poca masa y a que está formado principalmente a partes iguales por roca y hielo, no está completamente diferenciado. Es decir, no está nítidamente separado en núcleo,  manto y corteza como cuando un cuerpo celeste se calienta y los elementos tienden a agruparse (los más pesados en el centro). A pesar de ello sí que posee un núcleo de silicatos sobre todo.


Posee la corteza la superficie más craterizada del Sistema Solar, de donde se deduce que no ha poseído ningún tipo de tectónica puesto que ese grado de craterización denota que la corteza no ha sido renovada. Su superficie está compuesta de hielo, dióxido de carbono, dióxido de azufre, amoníaco, silicatos y compuestos orgánicos. Sus dos hemisferios están diferenciados... el que da a Júpiter tiene un color más oscuro (debido probablemente a la mayor concentración de dióxido de azufre) y el hemisferio más atrasado más claro (dióxido de carbono).


Cuál fue entonces la sorpresa... teóricamente Calixto debería estar completamente congelado al no calentarse mediante fuerzas de marea (ya explicado en la primera parte), sin embargo es muy posible que tenga un océano de unos 50-200 km de profundidad en su interior. Existen dos indicios para ello:


-Su orografía... especialmente las cuencas de impacto de Valhalla y Asgard. Éstas por un lado tienen relieves excesivamente bajos y por otro poseen anillos concéntricos a su alrededor. Esto nos indica que su superficie flota sobre un océano.


-Es una perfecta esfera conductora del campo magnético de Júpiter que no penetra hasta su núcleo, lo que nos indica que hay un océano de agua salada en su interior.




Este océano estaría formado por agua extremadamente salada (como la salmuera) y posiblemente con elementos crioprotectores como el amoniaco. Es probable también que se trate de agua en un estado viscoso debido a las bajas temperaturas.



Comentarios

Entradas populares de este blog

VULCANO