LOS SATÉLITES GALILEANOS. SEGUNDA PARTE.
LOS SATÉLITES GALILEANOS. SEGUNDA PARTE. EUROPA Y LA VIDA EN LOS SATÉLITES EXTERIORES.
Escrito por Miguel Milla Valdivia.
Seguimos con la trilogía de los satélites galileanos atendiendo de manera exclusiva al más interesante de los cuatro... Europa. Ésta es la llamada por Galileo Galilei como Júpiter II, el menor de los satélites galileanos, fue llamado así por Simon Marius por una de las numerosas conquistas de Júpiter aunque este nombre no fue de uso común hasta mediados del siglo XX.
Comencemos por dar unos pocos datos sobre la luna. Su radio orbital medio es de 670.900 km, con un perihelio de 664.862 km y un afelio de 676.938 km. Su periodo orbital sideral es de 3 días, 13 horas y 14´6 minutos y su diámetro de 3.121´6 km.La edad media de su superficie es muy poca (hablando en términos geológicos), de unos 30 millones de años y se han encontrado pruebas de tectónica de placas teniendo además una composición similar a la de los planetas telúricos. Es decir, posee un pequeño núcleo metálico, un manto rocoso y un océano interior con una corteza de agua congelada. De hecho el campo magnético observado por la sonda Galileo sugiere, como prueba indirecta, la existencia de un océano líquido de agua salada que interactúa con el campo magnético de Júpiter creando dicho campo magnético europano. El muy probable núcleo de hierro fundido por la acción de las fuerzas de marea reforzaría dicho campo.
En la superficie hay pocos accidentes y la mayoría de pocos cientos de metros. Esto reforzaría también la hipótesis del océano global de Europa puesto que si la superficie estuviera flotando sobre agua no podría tener mucha altura ya que de lo contrario se hundiría o volcaría al estar el centro de gravedad muy alto tal y como vemos que ocurre en los icebergs de la Tierra. Otra prueba la tenemos en la juventud de su corteza que indica que continuamente es renovada por agua proveniente de su interior, de hecho existen muy pocos cráteres y tan sólo tres de más de cinco kilómetros, el más conocido el cráter Pwyll de 39 kilómetros, el cual tiene un albedo muy alto, lo que nos indica que ha sido rellenado por agua de gran pureza.
La temperatura media en el ecuador es de -163 ºC y en los polos de -223 ºC, siendo el grosor medio de la corteza de hielo de 10-30 km. Sin embargo hay regiones en que el agua está casi a flor de piel (en lamisma superficie). El océano se calcula que tiene una profundidad (casi asombrosa) de 90 km. Unas características vetas oscuras entrecruzan toda la superficie de Europa muy parecidas a las de los océanos congelados de la Tierra, donde se observan fracturas de unos veinte kilómetros de ancho y desplazados de su posición original. La franja central es color más claro, lo que nos indicaría la existencia de géiseres creando un efecto similar al de las dorsales oceánicas o el valle del Rift de la Tierra. De hecho, en el año 2013 el telescopio espacial Hubble detectó fumarolas en estas regiones.
Debido a las enormes fuerzas gravitacionales de Júpiter se producen en Europa grandes mareas donde la superficie se desplaza hasta 30 metros entre las mareas alta y baja. Estando Europa (al igual que el resto de los satélites galileanos) anclada mostrando la misma cara a Júpiter (como la Luna a la Tierra) el patrón de fracturas es predecible, mas solo las más recientes puesto que su superficie rota cada 10.000 años.
Existe una estructura geológica de Europa característica, las llamadas pecas; éstas son tanto bóvedas como hoyos de diferentes formas que se creen formadas por el hielo más caliente del interior respecto al de la superficie... sería un efecto similar al del magma de los planetas telúricos.
Europa posee una atmósfera muy tenue compuesta fundamentalmente de oxígeno, lo cual fue una sorpresa pues sólo siete lunas más en el Sistema Solar poseen atmósfera : Ío, Calixto, Ganímedes, Titán,Tritón, Encélado y Titania. Este oxigeno es de origen no biológico al disociarse por la luz del Sol el hielo en hidrógeno y oxígeno. Aquél escaparía al espacio debido a la poca gravedad de Europa.
Ahora vamos a por lo más interesante... muchos exobiólogos dicen ya abiertamente que lo raro no es que hubiera vida, aunque sea bacteriana, en Europa... lo realmente extraordinario sería que no la hubiera. Veamos el por qué... muchos biólogos creen que la vida (si nos olvidamos de la teoría de la panspermia) surgió en las llamadas chimeneas hidrotermales ¿Qué son? Ni más ni menos que géiseres submarinos que han creado una forma de chimenea debido al alto contenido de sales y minerales que expulsan a altísimos temperaturas y se van acumulando formando una chimenea. Hasta los años setenta se creía que no podíahaber vida allí puesto que tienen temperaturas de hasta 400 ºC, no llega la luz solar y es un ambiente saturadísimo de otros gases, sobre todo azufre. Sin embargo en dicha década del siglo pasado se exploraron estas chimeneas y descubrieron para asombro de los científicos una enorme variedad de vida no sólo bacteriana, sino también de criaturas complejas como gusanos o invertebrados. Este tipo de chimeneas es más que probable que existan en Europa puesto que se cree que su interior estaría fundido debido a la fuerza de marea y la resonancia de los satélites y Júpiter, lo que a su vez provocaría y posibilitaría que existiera un océano de agua líquida.
El otro ejemplo es el del lago Vostok en la Antártida, donde se han hallado 3.500 formas de vida en un lago aislado del mundo exterior desde hace 20 millones de años bajo 4.000 metros de hielo en unas condiciones durísimas para la vida (al menos en teoría), a oscuras completamente, bajo una enorme presión del hielo y a -89´2 ºC que se registró en la superficie del hielo donde está situado el lago.
Sin embargo la enorme profundidad del océano Europa o provocaría debido a la presión que el agua del fondo se congelara en el llamado hielo 7, por lo que para que hubiera una mayor posibilidad de existencia de vida en las chimeneas hidroteemales deberían de existir en zonas submarinas montañosas al estilo de las dorsales oceácinas o montañas volcánicas formadas por plumas.





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